Bienes Culturales en VILLA DE ARAFO: 119

VILLA DE ARAFO - Antecedentes Históricos


El municipio de Arafo, queda enclavado en la vertiente este de la isla de Tenerife, comprendiendo una superficie cercana a los 34 Km2, desarrollando su topografía  desde el nivel del mar hasta cotas superiores a los 2.000 m de altitud. Situándose el núcleo poblacional que da nombre al municipio a 470 m.

El municipio ocupa una posición central en el Valle de Güímar o antiguo Valle de las Higueras. Históricamente enclavado en el Menceyato de Güímar

A mediados del siglo XV este Valle de Güimar o Valle de las Higueras se encontraba enclavado en el Menceyato de Güímar que formara parte de los llamados bandos de paces, junto con Anaga, Abona y Adeje. Previo a la conquista militar castellana produjo una evangelización entre los aborígenes guanches facilitada por la repercusión histórica del hallazgo por los guanches de una imagen de la Virgen de Candelaria en las próximas playas de Candelaria. Este suceso unido a la posición conciliadora del *Mencey de Güímar “Añaterve” que concertó pactos de no agresión con los conquistadores a cambio de garantizar la libertad y el derecho de propiedad de los indígenas.

En 1496 con la incorporación de Tenerife a la Corona de Castilla, el Adelantado Alonso Fernández de Lugo procedió al reparto de tierras y aguas entre los conquistadores, implantando un gran ingenio azucarero en el Valle de Las Higueras. Otorgando gran cantidad de estas tierras y aguas a comienzos del siglo XVI a D. Gonzalo de Mejías y a D. Hernando de Fuentes.

El convento Agustino del Espíritu Santo recibió en 1509 parte de las aguas presentes en el lugar por la concesión de estas realizada por el gobernador de La Gomera Gonzalo de Mejías. Gracias a esto el convento con sede principal en La Laguna, comenzó la realización de canalizaciones del naciente de Añavingo y comenzando entonces con la explotación agrícola las tierras de Arafo.

La llegada de nuevos pobladores continúo durante el siglo XVI creándose en asentamiento del barrio de “El Aserradero”, cuyo topónimo es una clara alusión a la actividad maderera, conjuntamente con el afianzamiento del núcleo de la zona de “Perdomo”, considerando estos los asentamientos iniciales del pueblo.

En este siglo ya se fijaron las principales familias de terratenientes en el territorio con es el caso de los Núñez, siendo el principal exponente de esta Juan Núñez, quien al finalizar la contienda solicita del Adelantado una data de terrenos con agua del naciente, acrecentada el 20 de noviembre de 1517 por un nuevo reparto. Años después su primogénita Catalina Núñez casará con Tristán Báez, natural del término de Ampurias (Gerona), con el que procreará un total de 8 hijos, formando uno de los matrimonios más poderosos del valle.

Durante los años de ese siglo los frailes agustinos se continuarán favoreciendo de amplias donaciones de fincas. Introduciendo entre los habitantes de estos incipientes asentamientos la devoción por San Agustín.

La existencia de nacientes de aguas en el lugar da como fruto una  prosperidad agrícola de la comunidad, que se ve acrecentada durante la segunda mitad del siglo XVII, iniciándose como consecuencia un aumento del poder económico de los residentes, pudiendo afrontar los gastos de sustento de una ermita dedicada a San Juan Bautista Degollado, que fue erigida entre 1672 y 1690.

A comienzos del siglo XVIII, Arafo experimentó un sensible crecimiento en lo que a su producción agrícola se refiere, prosperidad que incidió favorablemente en la progresiva toma de conciencia de los araferos como pago independiente; y mientras procedían al engrandecimiento y enriquecimiento de la primitiva ermita, iniciando en 1738 los trámites para erigir una parroquia propia.

En la configuración urbana de Arafo hay un hecho que influyó decisivamente ya que en 1705 la erupción del volcán de las Arenas y la generación del malpaís, hizo que el casco se desplazara más al norte huyendo de estos. Agrupando a los habitantes sobre todo en los aledaños de la nueva ermita, convirtiendo esta área en la más poblada llegando en 1779 a figurar 554 vecinos.

A finales del siglo XVII, se realiza la petición al obispado por parte de un grupo de vecinos la concesión de parroquia a la ermita erigida. En 1795 se declara la nueva parroquia de San Juan de Degollado. Esta segregación parroquial de los vecinos de Arafo es el inicio de la desmembración civil de Candelaria, pudiendo elegir cargos públicos en el propio pago, aunque estos dependieran del Cabildo de La Laguna. En 1798 se elige el primer alcalde pedáneo del lugar, D.Felipe Marrero Castro.

Con  la aprobación por las Cortes de Cádiz de la constitución de 1812, se procedió al establecimiento de la Diputación Provincial en Santa Cruz de Tenerife, dividiéndose la isla posteriormente en municipios teniendo en cuenta las parroquias que existían en ella.

La primera mitad del siglo XIX estuvo condicionada por la caída del comercio de exportación, como consecuencia de la independencia de las colonias españolas, unido a una estructura agraria anquilosada, en la que la mayor parte de las tierras estaban gravadas con diferentes censos abonados a varios conventos. Lo que condujo a profundas crisis económicas en las diversas corporaciones araferas.

Gracias a la Desamortización, los vecinos de Arafo fueron redimidos del pago de tributos, aunque la propiedad de la tierra y aguas pasó a manos de unas pocas familias.

Llegada la segunda mitad del siglo XIX, el pueblo experimentó un notable aumento demográfico que influyó en la expansión urbana del asentamiento hacia el volcán. En estos años las estructuras caciquiles fuertemente consolidadas independientemente del régimen político imperante, se pusieron de manifiesto de una manera virulenta en las agitadas elecciones de 1868, al avivarse una serie de tensiones entre dos sectores políticos enfrentados, cada uno de los cuales eligió su propia junta de gobierno, llegando a coexistir dos Ayuntamientos durante varios días. Tras graves incidentes en los que intervino la fuerza pública y en una decisión que no satisfizo a ningún bando la situación se resolvió cuando el Gobernador Civil decidió restablecer la corporación liberal que regía en 1856.

Durante el último cuarto de este siglo se produce una importante emigración a América, que se intensifica con la crisis de la grana, quedando una población de 1.397 habitantes en 1881. Aunque finalizando la centuria el florecimiento del comercio de exportación de la papa y el tomate hizo que se cerrara ese descenso dela población.

En 1896 se concluyó la construcción del ramal que unirá el pueblo con la carretera general del sur, gracias al parlamentario Juan García del Castillo, conde de Belascoaín, descendiente de araferos.

Durante el siglo XX se mejoran las comunicaciones del pueblo ya que en 1912 comienzan las diligencias para abrir la nueva vía de comunicación con Güimar, pero no será hasta 1942 cuando se comiencen los trabajos aprovechando la mano de obra de un batallón de trabajadores penados del derrotado ejército republicano. En los años setenta se trazarán dos importantísimas carreteras, la que uniría el barrio de La Hidalga con la autopista del sur y la que enlazará el casco urbano con la dorsal de la cumbre.

Durante este siglo se puso de relieve la necesidad de dotar al pueblo de alumbrado público, aunque el tendido eléctrico se instalaría hacia 1931, adjudicado mediante subasta a la Compañía Eléctrica de Arafo, si bien el barrio del volcán se vino a electrificar en 1936.

Cabe destacar los hechos acaecidos en el nuevo siglo, ya que no tendría un buen comienzo para los montes de Arafo. En 1901 “Abarzo” es incendiado. Este incendio unido a la progresiva deforestación que llevó a limitar los aprovechamientos forestales, llevándose a cabo en 1939 una repoblación donde se plantan 3.000 piñones en el lomo de “Abarzo”. En 1950 se replantará el monte comunal conocido como “Valle del Roque” y “La Cumbre” y en 1953 se procederá a hacer lo mismo con el “Monte Verde”.

En la década de los cincuenta se realizarán en Arafo una serie de mejoras en sus equipamientos urbanos como el edificio de la Obra Social del Movimiento, la instalación del servicio de aguas potable, asfaltado de calles, ampliación y mejora de la plaza José Antonio, la terminación del edificio para escuelas y Ayuntamiento o la construcción de un grupo de viviendas de renta limitada en el barrio del Carmen. Continuando estas mejoras y reformas durante los años setenta con la ejecución del nuevo grupo escolar, la plaza del Carmen, electrificación de ese barrio y del Carretón, limpieza y pavimentación de calles así como su rotulación y numeración. Además se acomete uno de los trazados urbanísticos más polémicos de la historia de Arafo: la apertura de las calles Los Sabandeños y Rafael Clavijo, Avenida Reyes de España y calle Capitán León.

El pueblo obtendría en esos años varios premios de embellecimiento en el ámbito insular y estatal en 1981 con el Segundo Premio Nacional de Turismo de Embellecimiento y Mejora de los Pueblos Españoles. Como colofón a todos estos reconocimientos el Gobierno de Canarias le concede el título de Villa en 1983.

Durante los noventa se continúan las actuaciones urbanísticas  con la remodelación de la plaza José Antonio, retomando la edificación de un kiosco para conciertos en el centro de la misma, tal y como existía antaño. En 1992 se informa favorablemente para la ubicación de una bodega comarcal en el municipio y en 1994 se van a terminar obras de gran importancia como el Centro Turístico, Artesanal y del Agricultor, el nuevo Centro Sanitario y el Auditorio “Juan Carlos I”, Conservatorio y Locales de Ensayo, inaugurado solemnemente por los Reyes de España el 24 de junio de 1994.

Arafo goza de una gran tradición sociocultural, con afamados centros recreativos. El más antiguo es el Casino “Unión y Progreso”, fundado en febrero de 1906. Le siguió el 13 de junio de 1914 el “Club Central”, con el que mantuvo un enconado antagonismo y que fue clausurado en 1939. Más recientemente se creó el “Centro Cultural y Recreo”, concretamente el 22 de agosto de 1965.

Arafo es conocido en toda la geografía regional por su gran tradición musical, pero no sólo este noble arte ha ocupado los ratos de ocio de los araferos; también eran habituales las actuaciones teatrales por lo menos desde finales del siglo XIX por parte de cuadros de aficionados locales. En la actualidad, esta faceta artística perdura a través de la Escuela Municipal de Teatro. Además, en los últimos años el Ayuntamiento ha querido recuperar y potenciar diferentes hábitos artesanales que estaban en desuso o en franca decadencia a través de diversas Escuelas Municipales, con gran número de alumnos, que muestran al público sus creaciones en las exposiciones anuales durante las fiestas patronales.