SANTA CRUZ DE TENERIFE - Patrimonio Industrial - General - LA MARQUESINA DEL PUERTO



De La Arquitectura de Hierro en Tenerife. Mª candelaria Hernández Rodríguez. 1989

En las reformas que a principio del siglo XIX se realizan en el muelle de Santa Cruz interviene el ingeniero Prudencio Guadalfajara. Lo hace en la prolongación del muelle Norte, construcción de gran envergadura. Guadalfajara reformó lo que había hecho el ingeniero José de Paz y Peraza, quien a su vez había sustituido en los trabajos al ingeniero Eugenio Suárez galván. Muy avanzada ya la construcción del muelle principal, se coloca, en abril de 1913 la marquesina en el dique sur, entre las dos escalinatas realizdas poco antes, siendo calificada de artística y elegante en la prensa de entonces.

En la misma zona se encontraba la Capitanía del puerto, la Dirección de Sanidad y los tinglados construidos por la Junta de Comercio. Al sur estaba la Aduana y al Norte la Celaduría de Puertos Francos, Caseta de Consumos, los almacenes de Ruíz Arteaga y la casa del torrero.

Por su situación conjugaba perfectamente con el entorno, puesto que algunas de estas construcciones utilizaban también el hierro como elemento importante (tinglado de la Junta de Comercio, urinario, kiosko, soportes para anuncios, además de los almacenes de Ruíz Arteaga con la casa de baños Las Delicias), lo cual conformaría un conjunto homogéneo.

De todos ellos es la marquesina la unica que aún se conserva, con una perfecta ubicación, cumpliendo el papel de frontera entre dos medios opuestos: mar y tierra. El hecho de estar realizada en hierro hace que su presencia se diluya entre ambos medios. Es un material que encaja perfectamente en los dos terrenos.

Cioranescu se refiere a la marquesina como cobertizo o pabellón de líneas graciosas, pareciendole más apropiada para estación de tranvía.

La marquesina como tipología surgida con el material de hierro, sigue el modelo de las estaciones de ferrocarril, y sería la trasposición, en lo esencial, a escala reducida, de la Galería de las Máquinas de la Exposición Universal de París de 1889, cumpliendo en embos casos la misma función: aislamiento parcial del exterior.


De líneas sencillas, la marquesina se compone de ocho columnas (cuatro a cada lado) que sostiene la cubierta a cuatro aguas. Su esbeltez puede ser apreciada desde todos los puntos de vista por tratarse de una obra exenta, contribuyendo a ello el no encontrarse otro edificio en sus inmediaciones. La marquesina representa un nostálgico vestigio de las obras de comienzo del siglo XIX. Siendo uno de los ejemplos más singulares donde se emplea exclusivamente el hierro.

Según consta en las inscripciones de sus columnas, fue traída de Sevilla y realizada en la fundición de Juan Miró y Compañía, y seguramente se trata de una donación municipal. dada la doble función de Antonio Pintor, como arquitecto municipal y como representante de la citada fundición, se podría deducir su intervención.

En el muelle de Santa Catalina en Las Palmas existía, al parecer, otra similar, que fue desmantelada por su deterioro. Seguirían ambas, seguramente, algún modelo sevillano, realizándose el pedido mediante catálogo.


HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, M. C. (1989) 'La Arquitectura del Hierro en Tenerife'. Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, Santa Cruz de Tenerife.


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