TEATRO GUIMERÁ

Santa Cruz de Tenerife - Arquitectura Civil y Doméstica - S.XX y Posterior


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Inaugurado en enero de 1851 bajo el reinado de Isabel II, el Teatro Guimerá es el más antiguo del Archipiélago Canario. También conocido en el pasado como Teatro Principal, Teatro de la Reina o Teatro Municipal, su actual denominación rinde homenaje al escritor, poeta y dramaturgo, Ángel Guimerá Jorge, nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1845, uno de los máximos exponentes del resurgimiento de las letras catalanas de finales del siglo XIX.

El Teatro, que lleva en su fachada la leyenda “Reinado de Isabel II” y que hasta 1924 fue denominado por algunos con el nombre de la reina, ha estado vinculado a la Familia Real a lo largo de su historia. Su construcción fue promovida por la misma Reina Isabel II en el siglo XIX. El Rey Alfonso XIII fue invitado a un banquete en este teatro durante su visita a la ciudad en marzo de 1906. Su Majestad la Reina Dña. Sofía lo reinauguró en el año 1991, después de permanecer cerrado durante más de tres años.

Desde sus orígenes, el Guimerá ha sido el centro neurálgico de la actividad cultural de la Isla, albergando no sólo funciones teatrales, sino también todo tipo de espectáculos vinculados a las artes escénicas, proyecciones cinematográficas, exposiciones, conferencias, actos políticos y hasta bailes populares. Durante décadas albergó la mayor parte de los espectáculos del Carnaval de Santa Cruz, Fiesta declara de Interés Turístico Internacional. Hasta la inauguración del Auditorio de Tenerife fue también sede de la Orquesta Sinfónica de Tenerife.

En cuanto a la actividad puramente teatral, por su escenario pasaron figuras tan relevantes como María Guerrero (1894, 1899 y 1923), Emilio Thuillier (1903 y 1913), Enrique Borrás (1908) o Margarita Xirgú (1913). En la historia del Guimerá llama la atención la rapidez con la que llegaban las últimas novedades de Madrid, como el caso de “Don Juan Tenorio”, de Zorrilla (1844), que se representó en Santa Cruz en 1848; “El gran Galeoto”, de Echegaray (1881), que llegó en 1882; “La verbena de La Paloma” (1894), en 1895; “Electra”, de Pérez Galdós (1900), en 1901; o “Los intereses creados”, de Benavente (1907) en 1908.



Teatro Guimerá

Fue construido sobre el solar anteriormente ocupado por el Convento de Santo Domingo, en el que un día se hicieran fuertes las tropas inglesas del Almirante Nelson, en su fallido intento de invasión, acontecimiento de gran relevancia histórica que dio lugar a la Gesta del 25 de Julio (1497).

En el solar donde se encuentra actualmente el Teatro Guimerá, se alzó al principio una ermita dedicada a Nuestra Señora de la Consolación. Una ermita levantada en 1496 por el general y gobernador Alonso Fernández de Lugo entre las plazas de Candelaria y España y que permaneció en aquel lugar durante 79 años. Por orden de Felipe II la trasladan a donde años después se construye, adosado a la ermita, el convento de los dominicos.

Es en este convento donde pudo hacerse fuerte por pocas horas, una columna de tropas británicas en el frustrado plan de invasión de Tenerife del contralmirante Horacio Nelson en 1797.

Tras la desamortización de Mendizábal en 1836, con una orden real del 2 de agosto de 1839 se destina al ex convento a ser una cárcel pública. El edificio fue cada vez a menos y en 1847, por su lamentable estado ruinoso, mudaron a los presos al ex convento franciscano.

En ese mismo año toma el cargo de Jefe Superior Político (o Gobernador Civil) Bartolomé Velásquez Gaztelú. Como Alcalde estaba José Luis Miranda Sánchez.
El 6 de noviembre de 1847 el Jefe Superior Político firma un manifiesto dirigido a los habitantes de la Villa-Capital de Canarias invitando al Ayuntamiento a la creación de un teatro
“que reúna el ornato y elegancia del arte y la cómoda capacidad de los espectadores...”

El Ayuntamiento responde 8 días después del escrito del Jefe Político designando la primera comisión pro-teatro, donde figuraban el propio Alcalde José Luis Miranda, Agustín Guimerá y Ramón, Juan Manuel Foronda, Juan Camella Monner, Bartolomé Cifra, Francisco Roca y Estéban Mandillo Martinón, presidida por Pedro Mariano Ramírez Atenza.
Dicha comisión encarga los planos del teatro a Manuel de Oraá y Arcocha, arquitecto provincial recién llegado a las islas al ser desterrado como consecuencia de una de las guerras carlistas. También acuerdan que el teatro tuviese un aforo de unas ochocientas localidades, todas de asiento, y que la obra se realizara por el sistema de contrata y pertinente subasta.

Ésta se adjudica el 24 de febrero de 1848 al único contratista presentado: Julián Robayna Marshall. La demolición del viejo convento coincide con la adquisición del mismo y la donación de su huerta. El Ayuntamiento consiguió el importe abonado al erario público entre las arcas municipales, aportaciones de particulares y varios adelantados del contratista Robayna. A la valoración del terreno asistieron los comisionados y entendidos. Se tasa el solar el 9 de junio de 1849 y el Ayuntamiento adquiere todo el terreno destinado al Teatro en proyecto y su vecina plaza del Mercado (que igualmente se inauguraría en 1851).

La parte del solar dedicada al Teatro englobaba una superficie de 1.200 metros cuadrados (40 metros de largo por 30 de ancho) La cantidad abonada fue de 60.707 reales de vellón con 22 maravedíes (unas 15.016 ptas.)

El presupuesto de los gastos de la obra de estructura resultó bastante alto para la época, 455.572 reales de vellón con 11 maravedíes, unas 115.000 ptas. El estado de las arcas municipales, prácticamente agotadas, provocó que la primera comisión pro-teatro buscara la forma de conseguir financiación. Por eso surgió la idea de abrir una suscripción entre nuestros paisanos de Cuba, en aquellos tiempos prósperos, que respondieron con gran entusiasmo.

El arquitecto Oraá debió adaptarse a las restricciones económicas. El Arco del salón lo tomó, a escala reducida, del Teatro Real de Madrid, en la disposición de localidades tuvo que limitarse a lo estricto: dos órdenes de palco, una galería en la planta baja y la cazuela (paraíso o gallinero).

La fachada fue revestida de granito basáltico y en su remate se colocó la leyenda Reinado de Isabel II. No quedó dinero, sin embargo, para pagar el escudo de la ciudad, que se colocó en 1864, once años después de su inauguración.

El Teatro se inaugura en 1951, todavía inacabado. La falta de fondos paraliza las obras hasta finales de ese año. Posteriormente se siguen realizando trabajos en el interior del edificio proyectados por Oraá y los maestros de obras Armiño y Maffiote.

En el pliego de condiciones se especificaba que los materiales empleados para la construcción del teatro Guimerá serían: pedernal, cantería, ladrillo, baldosas, tejas y yeso, alguno de ellos obtenidos del desguace del convento de Sto. Domingo.

La piedra debía ser del país, mientras que el yeso de las molduras se traería de Mallorca; la cantería sería de la azul de Canarias, debiendo utilizarse ésta en los zócalos, repisas, jambas y contrajambas de la puerta principal. La cornisa tanto podría ser de cantería como de carpintería, en tanto que el escudo de armas debería ser de mármol. La madera procedería de dos lugares diferentes: de los montes de Garafía, en La Palma o de las playas de Orzola u Onzola, en Lanzarote.
También se introduce el hierro cuando aún no había entrado en nuestras construcciones, como material corriente, se empleo Ia madera en los envigados y pisos de todas sus plantas, en las armaduras y escaleras, resultando un edificio constituido casi en su totalidad por materiales combustibles.

El Teatro cuenta con dos vigas de acero adquirido en Barcelona para la reforma del vestíbulo, piedra arenisca como aplacado y barandillas de latón y cristal que al igual que los antepechos, van revestidos de mármol.

En lo que a la decoración de la sala se refiere, Don Francisco Granados Calderón se compromete a ejecutar la decoración del techo conforme al plano redactado ejecutando toda la parte decorativa que vaya sobre envarillados de madera con yeso estopado y los elementos que caigan sobre superficies lisas de madera con pasta llamada de madera, sujetando las primeras con yeso blanco del llamado «escayola» y las otras con tornillos, empleando vaciados de «escayola» para todos los elementos que hayan de colocar sobre mampostería y fábricas de cemento o ladrillos, el yeso estopado para las que vayan sobre envarillados de madera y la pasta de madera para las que se coloquen sobre superficies lisas de madera.



Teatro Guimerá

MUNICIPIO                Santa Cruz de Tenerife

ZONA                         Distrito Centro-Ifara

DIRECCIÓN              Plaza Isla de la Madera, s/n


PRIMERAS REFORMAS

En 1880 se amplía el aforo del Teatro en unas 764 localidades con 48 palcos, 246 butacas y una cazuela para 130 espectadores. Un aforo que se mantuvo hasta la ampliación de 1911. En 1889 se prolongó el fondo del escenario.
Las mejoras efectuadas en 1895, 1899, 1901 y 1908, tienen por objeto concluir con la obra de Oraá. Sin embargo, la auténtica renovación no llegará hasta 1911, en que a instancias del Concejal Ángel Crosa se aprueban las siguientes reformas: sala y boca del escenario, sustitución de la puerta interior del vestíbulo por un gran hueco adintelado soportado por columnas de fundición, piezas que hoy pueden apreciarse nada más acceder al teatro, bajada del pavimento del patio de butacas, plateas, redistribución de las localidades y decoración de la sala de espectáculos. Del proyecto y ejecución de las mismas se encarga el arquitecto Municipal Antonio Pintor.

Los trabajos, que comenzaron el 1 de mayo de 1911, durarán 12 años.

Se caracterizan por su falta de planificación, pasando de una reforma a la casi completa modificación del proyecto de Oraá, del que sólo se mantendrá el exterior y la estructura.
Las obras de 1911 se iniciarán con la colocación de un pavimento inclinado y la construcción de los palcos de proscenio, destinado a las familias que guardaban luto, que obligan a retranquear el escenario y a efectuar una nueva embocadura. En su decoración trabaja el maestro andaluz
Francisco Granados Calderón, siguiendo los diseños de Antonio Pintor.

El peligroso estado del techo del patio de butacas y su restauración se aprovecha para solicitar la ampliación del paraíso, así como para engalanar todo el cubrimiento del salón y colocar el grupo de arañas en el centro.
Se realiza la apertura del hall con el vestíbulo del patio de butacas, hasta entonces comunicados sólo por una puerta.

En 1913, uno de los salones del piso alto se convierte en foyer, guarneciéndolos con yeserías y espejos.

Las dos alegorías pintadas en el techo del patio de butacas fueron ejecutadas por Ángel Romero Mateos en 1912. El maestro Benjamín Sosa y Lugo fue el responsable de pintar y dorar la obra de Francisco Granados.

La ornamentación textil (telones de boca y bambalinones) del escenario y palcos fueron fabricados por las firmas Verch und Flothow de Berlín y Archille Sormani de Milán. Los juegos de telones de decorados, como el salón Luis XVI, que aún conserva el Teatro, fueron fabricados por la empresa Georg Hartwing & Co. en Berlín.
En vista de la dilación que sufren las obras y la necesidad municipal de los ingresos proficientes del teatro, este abre sus puertas al público en 1914 mientras se continúan los trabajos.Este hecho y los problemas derivados de la escasez de materiales durante la Gran Guerra, obstaculizan el ritmo de la construcción.

Lentamente se efectúa la decoración del hall y las escaleras, realizadas estas últimas en hierro que facilita una empresa insular Fernández Iglesias y Cía.

Ultimada su colocación, se decide el empleo de mármol de Carrara para las huellas de las escaleras.
A partir de 1915 los problemas económicos llegan a paralizar los trabajos en varias ocasiones. En este año, retirado el maestro Granados, Adán Bello inicia la ejecución de la entrada principal del patio de butacas.
El diseño del vestidor de los artistas y las 320 butacas del patio del Teatro se encargaron en 1915 a J. Fernández Iglesias y Cía, empresa tinerfeña con domicilio en la calle San Lucas.
Entre 1918 y 1922, el edificio no experimenta cambio alguno. Con el embellecimiento del vestíbulo en este último año y la instalación eléctrica junto a los baños de señoras en 1923, pueden darse por concluidos los trabajos en el teatro.

El 30 de julio de 1924 se aprueba en sesión ordinaria, a petición del entonces Alcalde Francisco La-Roche, poner al teatro el nombre del Ilustre hijo de Santa Cruz de Tenerife D. Ángel Guimerá, que había fallecido en Barcelona el 18 de julio, llevando desde entonces el apellido de este dramaturgo de las letras catalanas, nacido en Santa Cruz de Tenerife el 6 de mayo de 1845.
Todavía se conservan en el Teatro una de las butacas y un vestidor completo de 1915, así como una de las primeras máquinas de iluminación de mediados del siglo XX y un foco de la misma época.

LA INTERVENCIÓN DE 1989

En 1983, por encargo de la Dirección General de Arquitectura y Vivienda del M.O.P.U. en convenio con el Ayuntamiento de Santa Cruz, el arquitecto Carlos A. Schwartz aborda los estudios previos para la rehabilitación del Teatro Guimerá.
Entre otras notables mejoras supune una ampliación y modernización del equipamiento escénico, y la construcción de un nuevo cuerpo de edificio añadido en su trasera. En aquella ocasión, S.M. la Reina Doña Sofía se trasladó expresamente a la Isla para presidir la reinauguración de Guimerá, acto del que quedó constancia con una placa de bronce que hoy preside el vestíbulo.

El edificio tenía deterioros y limitaciones de cierta envergadura para su normal actividad que afectaban a la totalidad del mismo, y se manifestaban de diversas formas: humedades en los arranques de sus muros, abundantes desperfectos de los zócalos y pavimentos en vestíbulos y escaleras; signos de carcoma en los entarimados de madera; carpintería en mal estado y de escasa capacidad para aislar los ruidos procedentes del exterior; redes de fontanería con escapes abundantes; instalaciones eléctricas en condiciones muy precarias, etc.

Había otras limitaciones, que sufrían con especial énfasis las personas que acudían al teatro, y que podrían simbolizarse en sus butacas: incómodas, ruidosas y proclives al desmoronamiento súbito en plena función, como ocurrió alguna vez. Los antepechos de plateas, palcos, anfiteatros y delantera del paraíso, más allá de su belleza aparente, tenían también daños considerables, producidos por el tiempo y la ayuda de unos artilugios mediáticos que servían de soporte a los focos de iluminación de la escena.

El gallinero del teatro estaba reservado únicamente a espectadores jóvenes. Carecía de escaleras o barandillas por lo que había que trepar por sus gradas de madera abriendo el paso de la luz con cartulinas de color negro sostenidas con papel adhesivo. En realidad, el gallinero no tenía mucho que ver con el resto del recinto.
Sin embargo, donde las carencias del teatro se ponían de manifiesto con mayor virulencia era detrás del telón: había un escenario limitado por sus dimensiones, que se reducían aún más porque dentro de él se situaban la escaleras y galería de acceso a los camerinos y áreas de servicio; un peine de madera, de donde colgaban los decorados, que estaba a penas a doce metros por encima de la escena, y que impedía el montaje de muchas obras; unos camerinos que demostraban palpablemente el heroísmo y el espíritu generoso de los artistas que los han utilizado; unas rendijas de considerable dimensiones en las puertas situadas detrás del escenario y a escasos metros un semáforo, cuyos ruidos producían la perplejidad de los componentes de las innumerables propuestas que han desfilado por el Guimerá. En consecuencia, y en mayor o menor medida, fue necesario intervenir en la totalidad del teatro.
Lo más significativo de esta reforma fue la ampliación del edificio. La escasa dotación de camerinos requirió la construcción de un nuevo cuerpo de edificio adosado al existente en la fachada trasera. Las dos primeras plantas se destinaron íntegramente a camerinos (catorce en total), y la tercera a sala de usos múltiples. Para la cubierta de esta sala se recuperaron la cercha de madera que fueron retiradas de la cubierta del escenario para su ampliación.

Se construyó además un sótano en esa zona, destinado a almacenes y servicios del escenario, además de un grupo electrógeno, que permitiría evacuar con comodidad el teatro, en el caso de que un corte de fluido eléctrico requiera.

Las cuatro plantas de la zona de ampliación se conectan entre sí con dos escaleras situadas en los extremos, con acceso directo desde la calle.

Ambas tienen jardines interiores, y se cierran a la calle con tabiques curvos de pavés, cuya forma determinada por el desvío de la calle Imeldo Serís en el borde del edificio.

ÚLTIMA REFORMA DE 1999

Después de 18 años, el Teatro Guimerá necesitaba una nueva reforma que tuviera en cuenta el tratamiento de la estructura de madera, mejorara la seguridad del edificio y su sistema de ventilación. La Reforma se ha llevado a cabo con fondos del Plan español para el estímulo de economía y empleo, bajo la dirección técnica del arquitecto Haris Kozo, con el contratista Miguel Hernández Ventura. El presupuesto de la reforma asciende a 1.007.658,78 €.
Los trabajos que se desarrollaron fueron los siguientes:

1. Tratamientos de patologías que sufre el Teatro, Humedades y Xilófagos.

Para tratar las humedades por capilaridad y filtración en toda la planta baja del teatro se han usado productos que dejen respirar los muros ciclópeos unido a un tratamiento de electroósmosis que invierte la polaridad que existe entre el suelo y la pared y, de esta manera hace que el agua descienda a través del muro al subsuelo.

En cuanto al ataque de los Xilófagos en pavimentos de madera y en las cerchas de la cubierta del patio de butacas, se han lijado los pavimentos de madera y se han sustituido las piezas que estaban afectadas, se le ha aplicado un tratamiento antixilófago inyectando el líquido poimate termite” mediante válvulas y posteriormente se ha tintado.

2. Adaptación del Teatro a las normativas vigentes de seguridad y accesibilidad.Para mejorar la seguridad contra incendios se ha colocado un aljibe, un grupo de presión, se han conectado las bies del teatro, se han sustituido los detectores, pulsadores y cajas.

Para mejorar la accesibilidad se ha acondicionado un baño para personas con minusvalías.
Se ha tenido en cuenta el ahorro de energía, con  la sustitución y revisión de los cuadros eléctricos, utilizando lámparas de bajo consumo y un sistema free cooling en los aparatos de refrigeración.

También se trabajó para mejorar la salubridad de edificio, la calidad del aire interior, y para reducir el calor y recuperar la regeneración del aire, permitiendo que el teatro vuelva a respirar. Para eso se realizó un trabajo muy importante en extracción mecánica y natural del aire de la sala de butacas y de la caja escénica, en la ventilación de la cubierta del patio de butacas y en la extracción del aire caliente de la sala (efecto chimenea).

3. Por último se realizaron trabajos de acabado.

Se sustitulleron todos los textiles, ya que habían perdido la capacidad ignífuga, telones, bambalinas, patas de cámara negra, pasamanos. También se  renovó el pavimento en los camerinos y se han cambiaron las piezas sanitarias.La reforma incluyó también la adquisición de nuevo mobiliario y luminarias.

En el espacio de los espectadores se llevaron a cabo trabajos de pintura y restauración de carpinterías de madera.

Por último, se cubrió la caja escénica, en su exterior, con acero corten perforado, dotándola de personalidad, haciéndola partícipe como si de un acto más de Teatro se tratara.



Teatro Guimerá

- GALLARDO PEÑA, M. (1994). El Teatro Guimerá en Santa Cruz de Tenerife: Historia de su construcción y evolución arquitectónica. Ed. Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas. 

- TARQUIS RODRÍGUEZ, P. (1970). ‘Diccionario de Arquitectos, Alarifes y Canteros que han trabajado en las Islas Canarias: siglo XIX’. Ed. Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas.

 

Equipo redactor e investigación: Unidad de Arquitectura de la Fundación CICOP. 
Miguel Ángel Fernández Matrán.
José Luis Dólera Martínez.
Armiche Álvarez Pérez.
Sendy Hernández Álvarez. 

Fotografía: José Mª. Bossini Ruiz.



Teatro Guimerá
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BOC-2008-137-003 Teatro Guimerá

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